A: Este grupo me lo recomendó H. Sin duda la primer canción es excelente. Me atrevo a decir que tiene algo de heavy metal pero también algo de rock y presentado de manera bastante ochentera. Un buen disco de rock para los que disfrutan de unas buenas guitarras y de sintetizadores que suenan un poco anticuados.
T: A decir verdad, A fue quien sugirió este disco. Pero Journey no me remite exclusivamente a mi buen amigo, sino que se ha convertido en un tópico dentro de mi ambiente familiar. ¿Qué requisitos se necesitan para ser un buen metalero atrapado en los ochentas? ¿Alguien lo sabe con precisión? Yo no, pero podemos inferir... mmm... chamarras de cuero? Pantalones ajustados? Sintetizadores a morir? Guitarrazos medianamente estridentes? Spandex, lentejuelas y brillo labial? Groupies y plataformas? Ante mis dudas, recurrí a la fuente más confiable de la industria musical (no, no es Wikipedia): mi papá. Su respuesta fue la siguiente: los de Journey eran normales. Un día te pongo un video suyo. No lentejuelas, no chamarras de cuero. Bueno, se acabó el sueño ochentero con olor a hairspray. Lo que sí es cierto es que su música suena a nostalgia, a esas épocas del rock donde se deslindaban de la comercialización andrógina y se dedicaban a inyectar dosis de melancolía en sus escuchas. Su calidad musical es indiscutible, aunque, evidentemente no podemos tildarlos de innovadores o revolucionarios. Sólo fueron otra banda buena más. Tan buena que Separated ways es el examen final de mi hermana. Pero no más.
